Carta Del Jefe Indio Al Presidente De Los Estados Unidos último 2023

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Carta Del Jefe Indio Al Presidente De Los Estados Unidos

Seattle
Chief seattle.jpg

La única foto conocida del Jefe Seattle, tomada en los abriles 1860 cuando se acercaba a sus 80 abriles de años.
Información reparto
Nacimiento 1786
Blake Island
Fallecimiento 7 de junio de 1866
(80 abriles)
Washington
Nacionalidad Estadounidense
Religión Iglesia católica Ver y modificar los datos en Wikidata
Información laboral
Ocupación líder tribal y jefe del meteorismo éter
[editar datos en Wikidata]

Jefe Seattle (incluso Sealth, Seathl o See-ahth que transcriben el exótico en jerigonza lushootseed [ˈsiʔaːƛ̓]) (circa 1786 – 7 de junio de 1866) fue el defensor de las tribus amerindias suquamish y duwamish en lo que presente se conoce como el clase de Washington de los Estados Unidos. Siendo una representación elevado entre su concurrencia, se convirtió al catolicismo y buscó un comunicación de disposición para los colonos, teniendo una reducida certificación reparto con David Swinson «Doc» Maynard. Seattle, Washington, tomó su prestigio de él.

En sinceridad, la pretendida «Carta del jefe indio Seattle al presidente de Estados Unidos» fue escrita por un ecologista texano en 1971. (Vid. «La invención del pasado» de Miguel Anxo Murado y «The Heritage Crusade and The spoil if History» de D.LOWENTHAL)

Vida

El líder Seattle nació cerca de de 1786 en Blake Island, Washington, y murió el 7 de junio de 1866, en la excepción suquamish de Port Madison, Washington (al hacha de Bainbridge Island y al naciente de Poulsbo). Su artífice, Schweabe, era el defensor de la clan suquamish, y su cañada fue Sholeetsa (o Wood-sho-lit-sa) de los duwamish. Su punta materna era el lushootseed abajeño. Debido a que entre los pueblos Salish la manda no era aria patrilineal, Seattle heredó la acuartelamiento de líder de la clan duwamish de un tío maternal.

Seattle, de novato, se ganó su fama como defensor y guerrillero, emboscando y derrotando a grupos de enemigos invasores que venían desde Green River en las faldas de la prisión montañosa Cascade, y atacando a los chemakum y a los s’klallam, tribus que vivían en la Península Olímpica. Como muchos guerreros indígenas contemporáneos, poseía esclavos de los capturados durante las incursiones. Era muy penetrante para ser un aborigen de Puget Sound, ya que medía casi 1,82 m (6 pies) de cota y los comerciantes blancos de la refugio de Hudson le dieron el alias de Le Gros (El desmedido). También era un transitado lector, y su voz se dice que llegaba hasta average milla o más de etapa cuando se dirigía a una socorro.

Se casó tomando dos argolla de la lugar de Tola’ltu razonable al naciente de Duwamish Head en Elliott Bay (presente bocado del occidente de Seattle). Su primera esposa murió al alumbrar a su primera hija. Tuvo tres hijos y cuatro hijas con su segunda esposa. De ellos, la más famosa fue la primogénita, la princesa Angeline. Tras la óbito de uno de sus hijos, se refugió y bautizó en la palacio católica, probablemente en 1848, empalizada de Olympia, Washington a adonde llegó con su concurrencia tras ser expulsados de sus zonas tradicionales de pesca de almejas. Toda su dinastía incluso fue bautizada y creció con fe, y su conversión marcó su venida como un defensor que buscaba la asistencia con los nuevos colonos estadounidenses al fundir acuerdo con Doc Maynard, que le apoyó y buscó conocidos pacíficas con las tribus.

Legado y fama

En una estampación trimestral india, valorando el cubo del líder Seattle, Phillip Howell, defensor de los klallam, se dice que pensaba de él que era «un indio de apagón inferior, una jocosidad entre los nativos» y, lo que es peor, «un bonachón y un alevoso» por renta llevado a cuerda las negociaciones del adiestramiento y regalado las tierras indias al macho blanquecino. Un aproximación parágrafo es referido por Peg Deam, una doble en ampliación cultural del Concilio Tribal Suquamish. Ella fue citada diciendo que el líder Seattle «fue bodega en una acuartelamiento adonde tuvo que desempeñarse elecciones muy difíciles y en última ruego dañinas. Se rompieron muchos corazones porque el elocución de hazañas de los suyos fue estropeado completamente. Los colonos hicieron que los nativos se movieran a pequeños cachos de gleba, separados los unos de otros. Pero como defensor y con lo que pudo prever en su antigüedad, creo que hizo la referéndum adecuada». [1]

Murray Morgan subraya en Skid Road que el líder del ámbito de Puget Sound era meramente «un macho copioso con cierta pronunciación, un macho cuyas opiniones llevaban más mecedora que las de los compatriotas de su clan», más que un defensor genético. También señala que el líder Seattle fue magnífico porque dejó su impacto como guerrillero, empero alce todo fue un caballerizo para la paz.

En la vaivén del líder Seattle se puede deletrear: «Seattle, líder de los suquamps y tribus aliadas, murió el 7 de junio de 1866. Firme socio de los blancos, y por él la aldea de Seattle fue nombrada por sus fundadores». En el dorso: «Nombre bautismal: Noah Seath, de probablemente 80 abriles de años».

(El empadronamiento sacramental de aquellos que seguramente bautizaron a Seattle, en la proselitismo de María Inmaculada de St. Joseph Newmarket, empalizada de Olympia, indica su prestigio como Noe Siattle).

De armonía con su Calendario de Santos, la Iglesia Luterana celebra cada 7 de junio una trote dedicada al Jefe Seattle.

Respuesta del Jefe Seattle

  • 15px Wikisource logo.svgWikisource contiene obras originales de o sobre La Respuesta del Jefe Seattle.

El líder Seattle dio un alocución en enero de 1854, el cual fue aludido por el Dr. Henry A. Smith en el Seattle Sunday Star en 1887. Es comúnmente conocida como Respuesta del Jefe Seattle oportuno a que era un alocución que contestaba al gobernante regional Isaac I. Stevens. Aunque no hay sospecha de que el líder Seattle dio la recepción, se pone en sospecha la pulcritud del chascarrillo de Smith. Y aún más lo son los posteriores relatos que derivan del de Smith. [2], (Speidel, 1978, 169-70)

Pese a que se sabe que Smith acudió a escuchar la disertación, naciente no hablaba el jerigonza lushootseed del líder Seattle, y hay cierta perplejidad acerca de qué opulencia fue destino traducido, todavía al chinook, en ese antigüedad. Según la National Archives and Records Administration (Administración Nacional de Archivos y Registros), «La abandono de toda afirmación contemporánea… crea dudas acerca de la dedicación de la aforo de procreación del Dr. Smith en 1887, unos treinta y dos abriles a posteriori del supuesto incidente. Por ello es inverosímil… ni prometer ni negar la poder de naciente… referencia». Ciertamente, la retórica que engalana la lectura de Smith es suya y no del líder Seattle. Muchos de los conceptos y las palabras presentes en la lectura de Smith serían difíciles de exponer en chinook, y parece aguanoso que la comportamiento de Smith destino captura el elocución de Seattle, más que sus contenidos específicos. Aunque el cabida del alocución está en sospecha, testigos contemporáneos están vale en que tuvo en torno a average hora de cachaza, y que, durante todo el vida, el líder Seattle, un macho penetrante, tenía una tanto en la pequeñísima cabecilla del gobernante Stevens.

William Arrowsmith editó una segunda lectura del alocución en dialecto flagrante en los abriles 1960. La recepción volvió a ser famosa otra vez cuando una tercera lectura comenzó a trastear por la plazo de 1980. Joseph Campbell, con Bill Moyers (1988, pp. 32-34) [3] citó el alocución del líder Seattle. La lectura más innovador guardia algo igualdad a la antigua. Es beneficio del trajín de Ted Perry, un libretista para la laminilla Home de 1972 sobre ecología. Esta lectura comercio al líder Seattle como un iluminado ecologista anticipado a su vida, hablando sobre el doctrina de su concurrencia en el funcionamiento de la índole. Esto condujo a que se convirtiese en un muestra a agregar del hecho ecologista (justificadamente o no). Una comportamiento acortada de la tercera lectura incluso circula.

Texto de la supuesta misiva

Nota: El jefe de los Estados Unidos, Franklin Pierce, envía en 1854 una concurso al líder Seattle, de la clan suwamish, para comprarle los territorios del cauro de los Estados Unidos que hoy forman el Estado de Washington. A altercado, promete suscitar una excepción para el lugar oriundo. El líder Seattle supuestamente avala en 1855:

El Gran Jefe Blanco de Washington ha organizado hacernos estudios que nos quiere mercar las tierras. El Gran Jefe Blanco nos ha emisario incluso palabras de acuerdo y de buena desvelo. Mucho apreciamos esta deleite, porque sabemos que poca culpa le hace nuestra acuerdo. Vamos a idolatrar su concurso pues sabemos que, de no hacerlo, el macho blanquecino podrá personarse con sus arsenal de regañina a ingerir nuestras tierras. El Gran Jefe Blanco de Washington podrá aguardar en la habla del líder Seattle con la misma fiabilidad que demora el retorno de las estaciones. Como las estrellas inmutables son mis palabras.

¿Cómo se puede mercar o distribuir el jefatura o el sofoco de la gleba? Esa es para nosotros una inducción extraña.

Si cero puede disfrutar la aprecio del ambiente ni el brillo del licor, ¿cómo es variable que usted se proponga comprarlos?

Cada ración de esta gleba es sacro para mi lugar. Cada interruptor áureo de un erguido, cada manojo de piedra de las playas, la penumbra de la densa arbolado, cada chispa de luz y el chasquear de los insectos son sagrados en la relación y hazañas de mi lugar. La vitalidad que recorre el organismo de los árboles lleva consigo la hechos del badana roja.

Los muertos del macho blanquecino olvidan su gleba de raza cuando van a marchar entre las estrellas. Nuestros muertos en absoluto se olvidan de esta bella gleba, pues ella es la cañada del macho badana roja. Somos bocado de la gleba y ella es bocado de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el chiflado, el heroína, la gran agudo, son nuestros hermanos. Los picos rocosos, los surcos húmedos de las campiñas, el sofoco del organismo del potro y el macho, todos pertenecen a la misma clan.

Por esto, cuando el Gran Jefe Blanco en Washington encomienda opinar que desea mercar nuestra gleba, pide copioso de nosotros. El Gran Jefe Blanco dice que nos reservará un aldea adonde podamos latir satisfechos. Él será nuestro artífice y nosotros seremos sus hijos. Por lo baza, nosotros vamos a idolatrar su concurso de mercar nuestra gleba. Pero eso no será comprensible. Esta gleba es sagrada para nosotros. Esta licor áureo que se escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es al punto que licor, suerte la familia de nuestros antepasados. Si les vendemos la gleba, ustedes deberán semejar que ella es sagrada, y deberán denunciar a sus niños que ella es sagrada y que cada espejo sobre las aguas limpias de los lagos hablan de sucesos y saludos de la hazañas de mi lugar. El arrullo de los ríos es la voz de mis antepasados.

Los ríos son nuestros hermanos, sacian nuestra sed. Los ríos cargan nuestras canoas y alimentan a nuestros niños. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben semejar y denunciar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos, y los suyos incluso. Por lo baza, ustedes deberán dar a los ríos la santidad que le dedicarían a cualquier anacoreta.

Sabemos que el macho blanquecino no comprende nuestras costumbres. Para él una sotabanco de gleba tiene el mismo significado que cualquier otra, pues es un foráneo que llega en la sombra y extrae de la gleba aquello que necesita. La gleba no es su mama suerte su enemiga, y cuando ya la conquistó, prosigue su comunicación. Deja antes las tumbas de sus antepasados y no se preocupa. Roba de la gleba aquello que sería de sus hijos y no le importa.

La mausoleo de su artífice y los tasa de sus hijos son olvidados. Trata a su cañada, a la gleba, a su anacoreta y al jefatura como cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o arrequives coloridos. Su gula devorará la gleba, dejando antes nada más un eriazo.

Yo no entiendo, nuestras costumbres son diferentes de las suyas. Tal vez sea porque soy un insolente y no comprendo.

No hay un aldea fijo en las ciudades del macho blanquecino. Ningún aldea adonde se pueda oír el manifestarse de las hojas en la primavera o el luchar las alas de un malo. Mas fortuna sea porque soy un macho insolente y no comprendo. El follón parece nada más tomar el pelo los oídos.

¿Qué resta de la hazañas si un macho no puede oír el gimotear yermo de un ave o el croar noctívago de las ránulas cerca de de un charca?. Yo soy un macho badana roja y no comprendo. El indio prefiere el manitas arrullo del ambiente encrespando la contenido del charca, y el natural ambiente, acicalado por una granizada diurna o aromático por los pinos.

El posición es de copioso cojones para el macho badana roja, pues todas las cosas comparten el mismo posición -el mula, el planta arbórea, el hombre- todos comparten el mismo vafo. Parece que el macho blanquecino no siente el posición que respira. Como una pollo arduo, es aletargado al mal fragancia. Pero si vendemos nuestra gleba al macho blanquecino, él deuda semejar que el posición es eficiente para nosotros, que el posición comparte su ánima con la hazañas que mantiene. El ambiente que dio a nuestros abuelos su primer espantada, incluso recibió su último espiración. Si les vendemos nuestra gleba, ustedes deben mantenerla intacta y sagrada, como un aldea adonde hasta el mismo macho blanquecino pueda deleitar el ambiente acaramelado por las flores de los prados.

Por lo baza, vamos a deliberar sobre la concurso de mercar nuestra gleba. Si decidimos conseguir, impondré una entorno: el macho blanquecino deuda arreglar a los animales de esta gleba como a sus hermanos.

Soy un macho insolente y no comprendo ninguna otra apariencia de desempeñarse. Vi un millar de búfalos pudriéndose en la estepa, abandonados por el macho blanquecino que los abatió desde un locomotora al aproximarse. Yo soy un macho insolente y no comprendo cómo es que el heroína humeante de gavilán puede ser más enjundioso que el bisonte, que nosotros sacrificamos nada más para sobrevivir.

¿Qué es el macho sin los animales? Si todos los animales se fuesen, el macho moriría de una gran retiro de ánima, pues lo que ocurra con los animales en fugaz ocurrirá a los hombres. Hay una anexión en todo.

Ustedes deben denunciar a sus niños que el calle desmedrado sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la gleba, digan a sus hijos que ella fue enriquecida con las vidas de nuestro lugar. Enseñen a sus niños lo que enseñamos a los nuestros, que la gleba es nuestra cañada. Todo lo que le ocurra a la gleba, le ocurrirá a los hijos de la gleba. Si los hombres escupen en el calle, están escupiendo en sí mismos.

Esto es lo que sabemos: la gleba no pertenece al macho; es el macho el que pertenece a la gleba. Esto es lo que sabemos: todas la cosas están relacionadas como la familia que une una clan. Hay una anexión en todo.

Lo que ocurra con la gleba recaerá sobre los hijos de la gleba. El macho no tejió el sábana de la hazañas; él es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciere al sábana, lo hará a sí mismo.

Incluso el macho blanquecino, cuyo Dios camina y deje como él, de socio a socio, no puede aproximarse evadido del casualidad global. Es variable que seamos hermanos, a congoja de todo. Veremos. De una cosa estamos seguros que el macho blanquecino llegará a atinar cualquiera día: nuestro Dios es el mismo Dios.

Ustedes podrán conceptuar que lo poseen, como desean disfrutar nuestra gleba; empero no es variable, Él es el Dios del macho, y su conmiseración es exacto para el macho badana roja como para el macho badana blanca.

La gleba es preciosa, y despreciarla es aborrecer a su artífice. Los blancos incluso pasarán; fortuna más alado que todas las otras tribus. Contaminen sus camas y una sombra serán sofocados por sus propios basura.

Cuando nos despojen de esta gleba, ustedes brillarán intensamente iluminados por la efectividad del Dios que los trajo a estas tierras y por alguna pretexto singular les dio el circunstancia sobre la gleba y sobre el macho badana roja.

Este casualidad es un esotérico para nosotros, pues no comprendemos el que los búfalos sean exterminados, los caballos bravíos sean todos domados, los rincones secretos del boscaje apelmazado sean impregnados del fragancia de muchos hombres y la fascinación de las montañas obstruida por hilos de departir.

¿Qué ha puntualización con el boscaje boscoso? Desapareció.

¿Qué ha puntualización con el agudo? Desapareció.

La hazañas ha consumido. Ahora empieza la supervivencia.

En sinceridad, la pretendida «Carta del jefe indio Seattle al presidente de Estados Unidos» fue escrita por un ecologista texano en 1971. (Vid. «La invención del pasado» de Miguel Anxo MURADO y «The Heritage Crusade and The spoil if History» de D.LOWENTHAL)

Referencias

  • Murray Morgan, Skid Road, 1951, 1960, y otras reimpresiones, ISBN 0-295-95846-4
  • William C. («Bill») Speidel, Doc Maynard, The Man Who Invented Seattle, Nettle Creek Publishing Company, Seattle, 1978.
  • Chief Seattle’s Speech, HistoryLink.org, preámbulo por Walt Crowley, 26 de junio de 1999, revisado por Greg Lange and Priscilla Long, 12 de julio de 2001, accedido el 21 de julio de 2005.

Enlaces externos

  • Jefe Seattle 1786(?) – 1866 – Jefe Seattle: El alocución. Biografía, credencial, relación (en chocho y franco).
  • Chief Seattle and Chief Joseph: From Indians to Icons.
  • Versión en sajón Archivado el 21 de agosto de 2006 en Wayback Machine. usada por Joseph Campbell.
  • Traducción de la lectura de Joseph Campbell al Español.
  • Questionable Quotes: Chief Seattle
  • A version of Chief Seattle’s speech. Archivado el 5 de noviembre de 2012 en Wayback Machine.
  • About the four versions and About Chief Seattle.
  • Biographical page on Chief Seattle.
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En 1854 el jefe de los Estados Unidos, Franklin Pierce, envía una concurso al líder Seattle, de la clan Suwamish, para comprarle los territorios del cauro de los Estados Unidos que hoy forman el Estado de Wáshington. A altercado, promete suscitar una «reserva» para naciente lugar oriundo. El líder Seattle avala en 1855, con esta misiva considerada por aquellos que amamos la gleba como la comunicación más hermosa y profunda que en absoluto se haya actividad sobre nuestro globo y el meteorismo éter.

Este grabación fue empachado por los voluntarios culturales de la Fundación Sophia con las impactantes fotografías que realizó el fotógrafo Edward S. Curtis que trabajó más de 30 abriles en su cuestionario de razonar la hazañas, las costumbres, los mitos y hábitos de decenas de tribus de indios hispanoamericano.

José Antonio Mazón es el narrador de esta lectura amplio en chocho, incluidos algunos reajustes en el línea, y la ambiente utilizada pertenece al albúm Sacred Spirit – Chants and Dances of the Native Americans Vol 1.

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